Aminta Acosta, nuestra psicóloga especialista en temas de expatriación, nos habla en este artículo sobre los 7 duelos que el inmigrante, en la mayoría de los casos, tiene que afrontar una vez tomada la decisión de dejar su país natal para echar raíces en otra cultura distinta como la inglesa.

Cuando dejamos atrás nuestra tierra comenzamos una nueva etapa llena de incógnitas. Lejos queda ya nuestra zona de confort donde conocíamos y entendíamos lo que estaba a nuestro alrededor. Para el que emigra se abre un abanico de posibilidades al empezar una nueva vida, con nuevas oportunidades y retos, en la que aprenderemos a adaptarnos, conoceremos otras culturas, seremos más flexibles y aumentaremos nuestras fortalezas.

Pese a todo esto, no podemos olvidar que dejamos mucho atrás: nuestra cultura, familia, amigos... Por lo que emigrar es algo que necesariamente afecta emocionalmente.

Cerramos un ciclo, hay que abrir otro y es importante tener consciencia del cambio.

Es por ello que hoy quiero hablar de los duelos clásicos de la emigración, y seguro que os sentiréis identificados con algunos de ellos.

El duelo es un proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando la persona pierde algo significativo. Por lo tanto, cuando hablamos de duelo hablamos de pérdidas. En el caso de la emigración son pérdidas parciales. Por ejemplo, a nuestra familia no la perdemos como tal, ya que sigue allí. Pero ya no está en nuestro día a día.

También es un duelo múltiple porque podemos perder varias cosas a la vez: idioma, cultura, amigos… Y recurrente, ya que estas pérdidas se presentan constantemente. Por ejemplo, cuando tenemos comunicación se reinicia el duelo.

Los seres humanos estamos preparados para emigrar, ya que nuestros antepasados lo hicieron con éxito en muchas ocasiones. Sólo cuando esos sentimientos de malestar se estancan debemos reflexionar acerca de qué puede estar fallando en nuestro proceso de adaptación.

Según Joseba Achotegui, psiquiatra y profesor de la Universidad de Barcelona, los tipos de duelo que vive un emigrante se pueden clasificar en siete:

El duelo por la familia y los amigos
El duelo por la lengua
El duelo por la cultura
El duelo por la tierra
El duelo por el estatus
El duelo por el contacto con el grupo étnico
El duelo por los riesgos físicos

Estos duelos se pueden adaptar al caso español y de hecho ocurren con frecuencia. Seguramente muchos podréis veros reflejados en los diferentes casos expuestos a continuación:

1. Duelo por la familia y los amigos

“Me gustaría estar en España con mis amigos, aquí no tengo, es difícil conectar con la gente”; “Echo de menos a mis padres, son mayores y no les quiero preocupar”; “Mi pareja se ha quedado en España y no sé cuándo vamos a poder reencontrarnos”.

El primer duelo es el que la mayoría de las personas sufren como consecuencia de haber decidido emigrar a otro país. A pesar de que las nuevas tecnologías nos hacen más fácil y económico el contacto con nuestros seres queridos, no poder compartir con ellos nuestro día a día es algo difícil para muchos. Esta situación se vuelve especialmente complicada si tenemos en nuestra tierra a familiares “vulnerables”: un hijo pequeño, padres mayores, alguien próximo o un amigo enfermo o una persona muy cercana como pueda ser nuestra pareja.

Estas situaciones complican la adaptación, ya que los sentimientos de culpa son frecuentes y la ansiedad que genera el estar perdiéndote parte importante de la vida de las personas a las que quieres puede bloquearte y no dejarte avanzar. Además, contar con una red social de apoyo es algo muy importante y en ocasiones esto no se consigue fácilmente, lo que genera sentimientos de soledad, ansiedad e incertidumbre.

2. Duelo por la lengua

“Pensar en otro idioma constantemente y apenas escuchar español es algo que me cuesta mucho”; “No quedo con los de aquí porque no me van a entender, me siento bloqueado y opto por no hablar”.

Expresarnos y comunicarnos es algo necesario y el no poder hacerlo correctamente provoca una gran sensación de inseguridad. Por lo tanto, cuando un emigrante llega al país de destino y no es capaz de comunicarse con fluidez en el idioma local sufre un duelo por la pérdida de su lengua ante la imposibilidad de expresarse con facilidad en el nuevo idioma.

Aprender la lengua del país de acogida, aunque habitualmente es muy necesario para la adaptación, es un proceso complicado y que supone un gran esfuerzo para cualquier emigrante.

3. Duelo por la cultura

“Echo de menos la comida, la cercanía o simplemente que haya gente en la calle o en una terraza”; “Es todo tan diferente y es tanto lo que añoro de España que no sé por dónde empezar…”

La forma de hablar, de expresarse, la manera de comportarse, las leyes y un sinfín de códigos culturales son diferentes cuando dejamos España.

Los expatriados dejan atrás un estilo de vida y tienen que adaptarse a uno nuevo; este escenario no es sencillo, ya que muchos hábitos son diferentes a España.

Hay que aprender a convivir con personas que tienen unos códigos distintos a los nuestros y esto, aunque enriquecedor, puede hacernos sentir diferentes y fuera de lugar. Es entonces cuando se puede sentir un duelo por nuestra cultura.

4. Duelo por la tierra

“No ver el sol en meses es algo que deprime”; “Lo que más me cuesta es no tener esa sensación de estar cerca del mar, de poder ir a dar un paseo tranquilamente”

El expatriado apegado a España puede vivir más intensamente esos cambios propios de cada país de acogida. En el caso de Inglaterra, cambios en la temperatura y en las horas de luz pueden afectarnos intensamente.

Además, si hemos dejado España por razones ajenas a nuestra voluntad podemos ver nuestro nuevo entorno como asfixiante o deprimente e idealizar nuestro lugar de origen.

5. Duelo por el nivel social

“No entiendo por qué no puedo encontrar trabajo de lo mío. Tantos años estudiando para ahora estar haciendo los trabajos que nadie quiere”; “Soy ingeniero, pero pongo pintas en un pub. De momento no encuentro nada de lo mío aquí tampoco”.

La emigración comporta un proyecto de mejora personal y social, pero la realidad en ocasiones es diferente. Es habitual ver cómo muchos expatriados españoles con estudios medios o superiores retroceden en ese nivel social.

Este tipo de duelo lo sienten los emigrantes que gozan de cierto nivel académico y de reconocimiento social en España, pero que no consiguen desempeñar un rol similar en el país de destino.

6. Duelo por el contacto con el grupo étnico

“Es diferente, aquí son más fríos. A veces siento que no me integro porque hay una especie de barrera, y ya no es sólo por el idioma… En España esto nunca me ha ocurrido a pesar de cambiar de ciudad. Echo de menos estar con españoles”.

El grupo étnico nos da un sentido de pertenencia. Cuando ya no estamos en España y no nos relacionamos con españoles ese sentido se va alejando y el expatriado puede sentirse diferente. Generar vínculos con gente local nos ayudará también a adaptarnos, pero es cierto que para muchos el contacto con otros españoles es una cuestión vital para sentirse bien.

7. Duelo por los riesgos físicos

“Desde que estoy aquí estoy muchísimo más delgado, no me adapto y no duermo bien. Además no voy al médico, físicamente parezco otra persona”; “Sé que los españoles cada vez estamos peor vistos, ya se nos considera una plaga. Noto en mi trabajo que algunos se creen superiores a mí y temo algún ataque racista”

Ocasionalmente puede ocurrir que el expatriado sea víctima de discriminación racial o xenofobia por parte de algunos habitantes del país de acogida.

Además, a veces debido al estrés y a la ansiedad suceden cambios físicos en los emigrantes, hasta tal punto de que les cueste reconocerse. Por ejemplo, se puede perder o aumentar de peso drásticamente en pocos meses.

Estas circunstancias hacen que el expatriado se sienta especialmente vulnerable y añore aún más la sensación de seguridad y confort que tenía en España.

En resumen, son muchos los retos que hay que enfrentar y todas las pérdidas que se producen nos llevan a crear un duelo migratorio. Este duelo puede ir acompañado de sintomatología diversa entre la que podemos encontrar: ansiedad, tristeza, insomnio, culpa e irritabilidad, entre otros. Síntomas todos ellos adaptativos y normales, ya que recordemos que toda pérdida lleva un tiempo hasta que se pueda superar.

Por lo tanto, si emigramos y pasado un tiempo prudencial seguimos encontrándonos mal, es cuando debemos procurar ver en qué aspectos de los anteriormente expuestos estamos atascados. Para algunos es dura la parte social, para otros el no poder comunicarse en español, y sin embargo otros se sienten a disgusto con las nuevas costumbres con las que han de convivir o con el clima de su nueva ciudad.

Sea lo que sea, lo importante es prestar una atención especial a todas estas circunstancias para poder analizar qué factores está en nuestra mano cambiar y trabajar para poner solución a nuestra situación.


Artículo escrito por: Aminta Acosta Arcarazo
Psicóloga especializada en expatriados y psicología de la salud.
Podéis contactar con ella en su web www.psicologaexpatriados.com

Fuente: Isla Imaginación
Compartir en Google Plus

About Asociación Por Ti Mujer

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Comentar en este sitio
    Comentar en Facebook

0 comentarios :

Publicar un comentario